Esta
frasecilla es un ejemplo estupendo de cómo analizamos la realidad en
base a nuestra propia percepción y subjetividad. No podemos pensar que
la miel que hacen las avispas es peor que la que hacen las abejas, salvo
que lo hagamos desde nuestra propia óptica y nuestro propio interés.
Desde la óptica de las avispas su miel debe ser el mejor alimento que han
logrado para conservarse y evolucionar. Y sólo si ponemos en una escala
jerárquica arbitraria a las abejas por encima de las avispas podemos
hacer semejante afirmación.