"Si algo empieza con un tuit me entran dudas"
CHEMA GARCÍA MARTÍNEZ - Madrid
EL PAÍS - Cultura - 13-12-2011
Es
el último entre los grandes divos del jazz de la historia. Keith
Jarrett (Pensilvania, 1945) apenas se permite descender al mundo de los
mortales, sino muy de cuando en cuando. Conseguir una entrevista con el
héroe del Concierto de Colonia es tarea de titanes que bien puede
terminar como el rosario de la aurora. Acaba de publicar Río, su nuevo
disco, en el que regresa al formato del piano solo. "En Brasil aprendí
algo muy importante: al mundo occidental-civilizado-sofisticado, le
falta frescura. Sin embargo, los que vinieron a escucharme en Río
estaban realmente vivos. Yo me sentía en algún lugar en el sur, entre
medias de la música española, brasileña y portuguesa".
Pregunta. ¿Estamos ante un nuevo Keith Jarrett?
Respuesta.
No lo sé. Tienen que funcionar muchas cosas en un concierto para que
ocurra algo preciso, y todas estas cosas han concurrido en un momento y
un lugar en mi vida. Sería estúpido presuponer que algo así pasará de
nuevo porque sí. Sería como si yo tuviera que competir conmigo mismo, y
yo no siento que pueda competir con Río. Todo lo que se escucha en el
disco ha sido improvisado, pero incluso a mí me cuesta creerlo.
P.
Visto desde fuera, resulta difícil imaginarse qué puede estar pasando
por la cabeza de alguien que está creando sobre la nada.
R.
Es algo extraño... en este caso, hay un elemento añadido, y es que seis
meses antes conocí a una mujer en Japón. Se había caído por las
escaleras y se había estampado contra la pared... ese mismo día le pedí
que se casara conmigo. Me ha cambiado la vida, me ha ayudado a
relajarme. Y cuando te relajas, te muestras más abierto. Habitualmente
estoy demasiado tenso para permitir algo así. Me cuesta abrirme.
Entonces, cuando vi la respuesta tan entusiasta de la audiencia en Río,
pensé: "No tengo nada que temer". Dejé que la música brotara por sí
misma. El resultado es que mi nivel de estrés era mucho menor al
habitual en este tipo de conciertos. Pienso que es lo mejor que he hecho
nunca, sinceramente.
P. Suele hablar de la "exigencia física" de tocar solo.
R.
Tocar solo es algo absorbente. Es como si yo fuera tres personas
diferentes, una está escuchando, una está tocando y la tercera está
creando. Parte de mí está completamente inmersa en la ejecución, la otra
se preocupa por si la pieza está resultando demasiado larga o si estoy
tocando algo inconsistente. Porque mis dedos a veces tocan cosas que no
me gustan. Se puede hablar de una experiencia espiritual y emocional,
pero el asunto en su conjunto es más misterioso de lo que nadie piensa.
P. En su último concierto en Barcelona dejó de tocar para recriminar a un espectador que hacía fotografías con el móvil.
R.
Es algo terrible. Vivo en el campo y no tengo que vérmelas demasiado
con el mundo moderno, pero cuando viajo estoy constantemente en shock.
He tocado muchísimas veces en el Carnegie Hall, pero solo la última vez
hicieron su aparición los fotógrafos con los móviles... solo puedo decir
cosas negativas sobre todo esto.
P. ¿Qué opina de la crisis que ha llevado a sus compatriotas a ocupar Wall Street?
R.
La avaricia siempre gana, pero eso no significa que debamos emprenderla
a golpes. No sé si creo demasiado en las manifestaciones en la medida
en que significan una vuelta a la mentalidad de masas. Por lo que a mí
se refiere, pueden ir a donde sea pero, si algo empieza con un tuit, me
entran dudas sobre lo que pueda resultar.
P. ¿Qué sería lo contrario a mentalidad de masas?
R.
La conciencia individual. Ahí es donde el arte es muy importante,
porque es uno de los pocos medios de expresión completamente personal
que puede afectar a los demás. Al final, podremos tener éxito con la
economía, y todo el mundo podrá tener su iPhone, y no habrá más
desempleo, y, sin embargo, todavía habrá algo que no funcione.
P. Su próximo disco es una vuelta a los standards. Sorprende que todavía encuentre inspiración en ellos.
R.
Cuando formé el Standards Trio, Gary (Peacock) me dijo: "No sé,
interpretar todas esas canciones que he tocado 500 veces no suena como
lo que de verdad me apetece hacer". Así que me senté con él y con Jack
(DeJohnette), y les dije que íbamos a tocar una música que es parte de
nosotros mismos, pero que la íbamos a utilizar como un vehículo para
manifestarnos como somos. Lo importante es entender que el material con
el que vamos a trabajar somos nosotros mismos, no las canciones.
P. ¿Qué siente cuando alguien como Brad Mehldau le reconoce como su principal fuente de inspiración?
R.
Me parece genial (risas). No me da miedo reconocer que algo mío es
bueno, no soy un cobarde. Si lo fuera, diría que es una tontería, que
soy un pianista como cualquier otro, etcétera, pero no lo creo. Tengo
que ser honesto conmigo mismo. Creo que he creado algo en un formato que
nadie ha utilizado antes, y eso me otorga algún crédito.
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